El urbanismo que viene

Por Elia Hernando Navarro

www.urban-compass.com

Encontrado originalmente en: La Ciudad Viva.

Image: Project for Public Spaces.

Lo urbano y lo social se diluye y desdibujan unos límites que ya no son capaces de contener las complejidades e interacciones sociales. De este modo, debemos tender hacia una reconfiguración y revalorización del espacio urbano que a partir de la heterogeneidad y la asimetría de las relaciones que lo dinamizan le devuelva a la ciudad su papel de motor de la economía y del bienestar de las personas que viven en nuestro territorio. Relativizar la identificación entre espacio municipal y ciudad permite  atender diferentes escalas y tiempos del proyecto. Es necesario el planteamiento de un nuevo urbanismo, de mirada claramente urbana, más allá de la perspectiva urbanística, vista como localista e instucionalista (Subirats, 2012), que tenga como objetivo evitar la degradación de la ciudad, asegurar la vivienda, hacer frente a los efectos de las segregación, proveer servicios, contribuir a generar empleo (Nel·lo, 2011) y la creación de oportunidades. Una aproximación transversal capaz de sintetizar dinámicas y ritmos diferentes, así como superar el mapa administrativo tradicional. El planeamiento y la práctica urbanística deben afrontar el reto de construir ciudades entendidas como los espacios donde se crean las condiciones para que la gente tenga la ocasión de hacer y crear. (Buhigas, 2013).

La ciudad actual se encuentra ante una situación de decepción y desencanto con al urbanismo, la disciplina científica correspondiente a la ciencia y arte de la planificación urbana, tan apasionante como controvertido en los último años. El urbanismo, entendido como la herramienta de construcción de ciudad, con el fin de desarrollar mejoras en la condiciones de vida de los ciudadanos, se ha visto traicionado y corrompido por aquellos que lo tomaron más como un instrumento lucrativo con claros intereses económicos privados. Durante mucho tiempo la urbanización ha dado al capital la oportunidad de disponer de los productos que crea, así la práctica urbanística ha seguido, con correcciones de carácter social, el modelo desarrollista que caracterizó el fordismo en su vertiente urbana. Pero hoy el modelo de expansión y crecimiento está definitivamente acabado. Esta situación deja de interesar a los que han especulado con la práctica urbanística, pero también irremediablemente a la administración y ciudadanos, que se encuentran desengañados, pues su herramienta constructiva parece haberse quedado sin recursos, limitada por la falta de capacidad pública y la reducción del gasto. Por ello nos encontramos ante la necesidad de una repolitización de lo urbano a partir de nuevas dinámicas y planificar más allá de la ordenación de usos, hábitats y movilidades entendiendo que “toda estrategia que quiera tener éxito debe tener en cuenta que la forma espacial y los procesos sociales son diferentes modos de pensar una misma cosa” (Harvey, 1977)

La ciudad se proyecta a largo a plazo mediante una interacción politicotécnica. Pero hay que repensarla continuamente, lo que conlleva la determinación de decisiones en circunstancias desconocidas y a realizar proyectos de los cuales sólo se pueden llegar a verificar las primeras etapas de realización. La planificación urbana debe plantearse, inevitablemente, cuáles son las previsiones de futuro a partir de una serie de diferentes hipótesis, pero sin presuponer una imagen precisa de ese futuro, sino más bien dibujando una expresión ideológica de cómo debería ser ese futuro. Nunca abandonamos la concepción temporal en el desarrollo de la ciudad, por ello su proyecto debe atender a que la determinación de ámbitos urbanos para proyectos de futuro puede confrontarse con intereses o necesidades de ese momento, problemas reales que se plantean y habían sido previstos.  “Éste es el dilema más grave con el que se enfrentan tanto la formulación como la pervivencia de los planes urbanísticos: la defensa de propuestas que se argumentan basándose en hipótesis de ventajas futuras para la ciudad, frente a requerimientos de los cuales la solución inmediata pasaría por el abandono de la propuesta.” (Esteban, 2001)

La agenda urbana significa hoy en día, sobre todo, gobernar el territorio a partir de un conocimiento profundo de los flujos económicos y sociales. Cuestiones como la movilidad, la promoción de la vivienda, la mejora de los espacios degradados y la redistribución de oportunidades entre la población plantean la necesidad de definir una hoja de ruta que sintetice de manera transversal el conjunto de políticas de un territorio. Una apuesta por la gestión de posibilidades urbanas y la domesticación de los ritmos que la mueven, que no siempre dependen simplemente de ella misma. Sin olvidar que las ciudades dinámicas son aquellas que se adaptan más fácilmente a los cambios. (Roca, 2013)

El bienestar hoy ha pasado de ser una reivindicación global para convertirse cada vez más en una demanda personal y comunitaria, articulada alrededor de la vida cotidiana y en los espacios de proximidad. Y por ello es necesario repensar las políticas urbanas como marco en el que situar actuaciones integrales, pensadas e implementadas desde la cercanía, pero integrando la multiplicidad de mecanismos de intervención multinivel, que tengan en cuenta la complejidad y la heterogeneidad de la realidad urbana. El urbanismo, que reclama la ciudad actual, debe ser capaz de devolver a la ciudad su función de actor político en un contexto postindustrial, que supere la condición mercantilista de los recursos urbanos y acabe con la sensación de alienación que se ha generado al permitir que haya sido el capitalismo industrial el que ha construido el espacio para los ciudadanos. La ciudad fue transformada en una especie de agente de negocios que unía zonas de oferta y de demanda dentro de un espacio en continuo crecimiento, convirtiéndose en definitiva, en lo que Franquesa (2007) describía como “la lógica espacial de la neoliberalización”. Esta faceta de la ciudad ha estado presente siempre, pero en la época mercantil se desarrolló de tal modo que ha llegado a dominar a los otros aspectos, siendo sometida a una lógica de poder generada y alimentada mediante un proceso por el cual se producen meras plusvalías (Luca y Aricó, 2013). El mercado como institución mediadora de procesos privatizadores y lucrativos a partir de proyectos de ciudad, ha configurado un territorio orientado a generar zonas de mayor rentabilidad en sectores estratégicos que favorecen los intereses del gobierno local y el sector privado, en detrimento de otros intereses sociales de sectores amenazados o desplazados por la gentrificación. También las administraciones, especialmente locales han sido corresponsables de esta situación, ya que la recaudación de impuestos procedente de la actividad inmobiliaria aseguraba la financiación de otras políticas municipales. La necesidad de financiarse de este modo, es como explican Lladó y Serracant (2013) en su trabajo Urbanoporosi, “un problema estructural de la administración pública que con la recuperación de los ayuntamientos democráticos, muchas competencias fueron transferidas al ámbito municipal sin una contrapartida proporcional de los recursos económicos” una situación, como dicen, que ha llevado a la perversión de algunos instrumentos urbanísticos.

El contexto actual de parálisis y recortes generalizados requiere de una reconfiguración de la gestión de lo local, que independientemente de las iniciativas ciudadanas que contribuyen a construir la ciudad atendiendo a la necesidades más inmediatas, responsabilice a la administración, sobre todo a la local, de generar las condiciones para el desarrollo de nuevas dinámicas urbanas. La nueva realidad cultural y social, que va configurándose gracias a los avances tecnológicos tiene múltiples efectos y abre grandes posibilidades a la innovación social pues propicia cambios en la forma de vivir, de producir y de consumir pero también en el diseño de la organización social y en su gobierno. (Bellet, 2013) De este modo son necesarios escenarios que estimulen y faciliten la participación y creación ciudadana de los espacios urbanos a través de acciones políticas dirigidas al empoderamiento ciudadano. Nuevas políticas urbanísticas que introduzcan mayor flexibilidad, sobre todo en lo referente a la permisividad de usos temporales y que faciliten acuerdos entre propietarios de suelo o bienes infrautilizados y la ciudadanía interesada en generar o gestionar proyectos concretos sobre estos espacios sin uso. Esta nueva manera de hacer gestión urbanística, se convertiría en una manera mucho más urbana de gestionar las ciudades. Para ello debe tender siempre a:

  • Diseñar planes sin imágenes finales determinadas.
  • Facilitar procesos de producción del espacio abiertos y colaborativos.

Los cambios no son rápidos, pero sin embargo el tiempo no siempre juega en contra, sino que puede favorecer la reflexión y permitir repensar las situaciones. El problema principal consiste en la velocidad con la que las distintas partes de un sistema urbano se reajustan a las transformaciones que suceden dentro de él pero debemos valorar, como determinaba Lefebvre (1968), que “el tiempo con su fluidez y su continuidad, su lentitud y su cotidianidad, es un flujo sin rupturas”, y ello nos posibilita crear un nuevo marco de acción urbana en la ciudad consolidada que no se detienen nunca, y que por lo tanto hay que repensarla continuamente y tomar decisiones en cada momento.

Bibliografía:

Bellet, C. (2014). La activación de solares urbanos. De práctica alternativa a objeto de programas municipales. Biblio 3W.

Besses, M., & López, P. (4 de junio de 2013). Buit ple, la ciutat arrítmica. Obtenido de Sense Ficció tv3: http://www.tv3.cat/videos/4600771/Buit-ple-La-ciutat-aritmica

Colomb, C. (2012). Pushing the urban frontier: temporary uses of space, city marketing, and the creative city discourse in 200s Berlin. Journal of Urban Affairs, 34(2), 131-152.

Franquesa, J. (2007). Vaciar y llenar, o la lógica espacial de la neoliberalización.REIS Revista Española de Investigaciones Sociológicas(118), 87-104.

Harvey, D. (2007 (1973)). Urbanismo y desigualdad social. Madrid: Siglo XXI.

Lefebvre, H. (1972 (1968)). La vida cotidiana en el mundo moderno. Madrid: Alianza.

Lladó Mas, B., Serracant Camps, M., & Tiana Alsina, B. (2013). Urbanoporosi. Sabadell i els silencis urbans. Sabadell: Creative Commons.

Montaner, J., & Subirats, J. (2012). Repensar las políticas urbanas. Barcelona: Diputació de Barcelona.

Nel·lo, O. (19 de Octubre de 2011). El urbanismo de la crisis. El Periódico. Obtenido de El Periódico.

Stanchieri, M. L., & Aricó, G. (2013). La trampa urbanística de los “vacíos urbanos”: casos etnográficos de Barcelona. La ciudad desde los márgenes: actores, conflictos y acceso a la ciudad. Buenos Aires: X Jornadas de Sociología Universidad de Bueno Aires.

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